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Diabetes Gestacional
Adisen - Asociación de Addison

Consiste en la presencia de altos niveles de glucemia que se desarrolla en cualquier momento durante el embarazo en una mujer que no tiene diabetes. Suele afectar al 4-9% de las mujeres embarazadas. Normalmente tiene lugar durante el segundo trimestre y desaparece tras el parto.

La diabetes gestacional comienza cuando el cuerpo no es capaz de producir y utilizar toda la insulina que necesita para el embarazo. Sin la insulina suficiente, la glucosa es incapaz de dejar la sangre y cambiarse por energía. La glucosa se almacena en la sangre en niveles elevados y se produce una hiperglucemia. Si no es controlado, puede afectar la vida de la madre y del bebé.

Prevención.

En realidad no existen garantías de que pueda evitar desarrollar una diabetes gestacional, sin embargo, cuantos más hábitos saludables adopte, mejor será su embarazo.

  • Haga una dieta saludable. Alimentos bajos en grasa y calorías. Más frutas, verduras y granos enteros.
  • Aumente su actividad física. Hacer ejercicio durante unos 30 minutos al día, le vendrá bien.
  • Perder peso excesivo. No es recomendable perder peso durante el embarazo, por lo que es mejor perder el peso que tenga de más, antes de quedarse embarazada. Mantener un peso ideal ayuda a prevenir otros problemas de salud, por ejemplo, cardiovasculares. Aumenta su autoestima y aporta más energía.

Entre los síntomas y signos de una hiperglucemia, se incluyen los siguientes:

  • Glucosa en sangre, elevada.
  • Niveles elevados de azúcar en orina.
  • Micción frecuente
  • Aumento de la sed

Para la mayoría de mujeres embarazadas, la diabetes gestacional no muestra ningún síntoma ni signo de relevancia.

Una diabetes gestacional sin tratar o mal tratada, puede dañar al bebé.

¿Cómo saber si tiene diabetes gestacional?

Los médicos solicitan una prueba para comprobar si existe riesgo de diabetes gestacional normalmente entre la semana 24 y 48 del embarazo.

En el caso de presentar un riesgo mayor, es posible que esta prueba se haga antes, posiblemente en el momento en que sepa que está embarazada.

Existen dos métodos para comprobar la diabetes gestacional:

  • Ayuno de 4 a 8 horas. Analítica de sangre para verificar el nivel de azúcar en sangre. Nueva analítica cada 30, 60 ó 120 minutos después de ingerir una bebida azucarada (hasta unas 2-3 horas). Este tipo de prueba se denomina Prueba de Tolerancia Oral de la Glucosa.
  • En ayunas. Analítica de sangre 1 hora después de tomar la bebida azucarada. Si el nivel de azúcar en sangre es normal después de 1 hora, es probable que no se tenga diabetes gestacional. Si el nivel es elevado, se realizará la Prueba de Tolerancia Oral de Glucosa para confirmar la diabetes gestacional.

Complicaciones de la diabetes gestacional sin tratar en el bebé.

Cuando se presenta este tipo de diabetes, el páncreas trabaja de más para producir insulina, pero la insulina no disminuye el nivel de glucosa en sangre. Aunque la insulina no traspasa la placenta, la glucosa y otros nutrientes sí lo hacen. Cuando la glucosa extra en sangre le llega al bebé a través de la placenta, sus niveles de azúcar en sangre aumentan, por lo que el páncreas del bebé tiene que trabajar de más para eliminar la glucosa. Al recibir más energía de la que necesita para crecer y desarrollarse, ésta se almacena como grasa. Esto hará que el bebé acumule grasa y que se produzca una macrosomía fetal, es decir, un feto demasiado grande. Debido a la insulina extra producida por el páncreas del bebé, al nacer, los bebés pueden presentar un nivel de azúcar en sangre demasiado bajo y también pueden desarrollar problemas respiratorios. Los que nacen con un exceso de insulina tienen más riesgos de ser obesos y de desarrollar la diabetes de tipo 2 cuando son adultos.

Complicaciones de la diabetes gestacional sin tratar en la madre.

La diabetes gestacional aumenta el riesgo de preclampsia, una condición que se caracteriza por una tensión alta y un exceso de proteína en la orina después de la semana 20 del embarazo. Si no se trata, la preclampsia puede ocasionar complicaciones muy graves que ponen en peligro la vida de la madre y del bebé.

Una vez padecido diabetes gestacional en un embarazo, existen más probabilidades de desarrollarlo de nuevo en embarazos futuros. Además, es posible desarrollar diabetes de tipo 2 con los años.

Tratamiento.

Como la diabetes gestacional puede causarle daños tanto a la madre como al bebé, una vez diagnosticado, hay que empezar un tratamiento de inmediato.

El objetivo de este tratamiento consiste en mantener los niveles de glucosa en sangre equilibrados, igual a los de las mujeres embarazadas que no tienen diabetes gestacional.

No se sabe si el uso de los fármacos hipoglucémicos durante el embarazo es seguro; las mujeres que padecen diabetes de tipo 2 y toman estos medicamentos deben cambiar a insulina durante el embarazo y mientras estén lactando.

El tratamiento de la diabetes gestacional siempre incluye una dieta equilibrada y una actividad física bajo control médico. También es posible que tenga que incluirse un monitoreo diario de glucosa en sangre, así como que sea necesario utilizar inyecciones de insulina.

El tratamiento reduce el riesgo de que el nacimiento sea mediante cesárea y que pueda nacer un bebé demasiado grande. Seguir el tratamiento le asegura un embarazo y un parto saludables y puede evitar que el bebé desarrolle problemas de salud en el futuro.

Resumen tratamiento:
  • Comprobar el nivel de azúcar en sangre y mantenerlo controlado.
  • Comer una dieta saludable. (Consulte con su especialista para conocer cuál es la mejor dieta para usted).
  • Realizar algún ejercicio de forma regular. (Consulte con su especialista cuál le viene mejor y cuánto puede hacer).
  • Mantenga un peso saludable.
  • Medicación: si la dieta y el ejercicio no son suficientes, es posible que necesite inyecciones de insulina para disminuir el nivel de azúcar en sangre. Algunas mujeres toman la medicación de forma oral.
  • Guarde anotaciones diarias de su dieta, actividad física y nivel de glucosa. Esto puede resultar importante para verificar el progreso del tratamiento. De este modo, su médico podrá determinar si hay que modificar algo.

El bebé también será monitorizado más a menudo. Su especialista comprobará el tamaño y desarrollo de su bebé, mediante ultrasonidos u otras pruebas. Si el parto se retrasa, es posible que el especialista decida provocarlo. Dar a luz después de la fecha prevista de parto puede aumentar el riesgo de que se presenten complicaciones.

Algunas mujeres con diabetes gestacional también tienen que tomar insulina para controlar su diabetes. La cantidad extra de insulina ayuda a disminuir el nivel de azúcar en sangre. Algunas mujeres también tienen que verificar su orina para comprobar si están recibiendo suficiente glucosa.

Preocupaciones fuera.

Saber que se tiene diabetes gestacional y que puede afectar al bebé es motivo de preocupación, pero preocuparse sobre el bebé y su propia salud, sólo le perjudicará. Aumentar el estrés, puede dar lugar a olvidarse de cosas importantes como por ejemplo a hacer ejercicio,  tomar su medicación, comer bien…

Quizás le resulte más útil aprender lo que pueda sobre la diabetes gestacional. Lea artículos y libros, únase a un grupo de apoyo, comparta sus experiencias con personas que también lo padecen.

Recuerde seguir los consejos de su especialista y consulte cualquier duda que tenga con él. Todo es más fácil cuando se saben las respuestas.

Después del parto.

La diabetes gestacional suele desaparecer después del embarazo. No obstante, un pequeño número de mujeres que la han padecido descubren años más tarde que tienen diabetes de tipo 2. Es difícil saber si estas mujeres tenían la diabetes antes de quedarse embarazadas o si la desarrollaron durante el embarazo. Ambos casos implican una resistencia a la insulina. En este caso, el tratamiento tendrá que continuar.

Se recomienda cambiar los hábitos de vida después de una diabetes gestacional para evitar la diabetes. Consulte con su especialista para comprobar qué cambios le sería más beneficioso.

Presentar una diabetes durante el embarazo supone un riesgo para desarrollarlo de nuevo en los embarazos futuros.

Sin embargo, con un tratamiento adecuado, bajo control del especialista, no tiene por qué causar mayores complicaciones.

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