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Tumores en la pituitaria

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Un tumor en la pituitaria es un crecimiento anormal de células pituitarias. Los tumores pituitarios pueden ser no funcionales (si no segregan hormonas) o producir determinadas hormonas, tales como prolactina, la hormona del crecimiento, ACTH o TSH. La forma más común de tumor en la pituitaria son los no funcionales (no producen efectos por una producción excesiva de hormonas).

Un tumor puede ser benigno o maligno, aunque un tumor benigno también puede seguir creciendo. El tumor maligno se extiende, invade y destruye los tejidos que lo rodean, avanzando a otras zonas del cerebro.

Prácticamente la mayoría de los tumores en la glándula pituitaria son benignos y no se extienden. Suelen llamarse adenomas. Estos tumores se dividen en microadenomas (< 1 centímetro) y macroadenomas (> 1 centímetros). Se manifiestan según la célula de origen y son nombrados en base a la célula afectada.

Tumores que segregan prolactina. Es el más común de los tumores.

Tumores que segregan la hormona del crecimiento. Un exceso en la producción de las  hormonas del crecimiento puede ocasionar gigantismo. Esto produce un crecimiento anormal conocido como acromegalia.

Tumores que segregan TSH. Un tumor que produce demasiado TSH desequilibra el metabolismo normal del organismo. No obstante, este tipo de tumores es extremadamente raro.

Tumores que segregan ACTH. La producción en exceso de ACTH puede producir un número variado de síntomas, incluido el síndrome de Cushing.

Otros tumores de la pituitaria anterior. Los tumores que segregan FSH o LH son muy raros y suelen causar infertilidad.

Tumores de la pituitaria posterior. Los tumores en la pituitaria posterior son muy raros y los desequilibrios en esta zona suelen estar causados por la presión que ejercen sobre los tejidos que los rodean.

El síntoma más común de tener un problema en la pituitaria posterior es una condición denominada como diabetes insipidus, en la que se tiene mucha sed y se orina con mucha frecuencia.

En cuanto a su crecimiento, manifiestan patrones distintos de crecimiento y afectan a cada persona de forma diferente.

Si son diagnosticados pronto, suelen tener un pronóstico excelente. De lo contrario, algunos tumores pueden aumentar su tamaño y presionar los nervios ópticos (causando una pérdida de visión periférica y, en algunos casos, ceguera), el cerebro y la pituitaria (impidiendo su funcionamiento normal).

La gran variedad de síntomas confusos que producen los tumores en la pituitaria y su difícil visualización tienen como consecuencia que su diagnóstico sea bastante difícil. Suele ser común que los pacientes tengan síntomas de una deficiencia hormonal o un exceso hormonal. Una minoría de los pacientes no son diagnosticados hasta que desarrollan síntomas que ponen su vida en peligro, una enfermedad suprarrenal o de corazón, gonadal y/o insuficiencia de tiroides.

Desgraciadamente, muchos especialistas han sido instruidos que una enfermedad en la pituitaria es algo raro, por lo que no suelen tenerlo en su listado de posibles diagnósticos. Es por ello, que suelen tratarse los síntomas, no la enfermedad. Como resultado, los pacientes pituitarios pueden estar años sin un diagnóstico adecuado, mientras su tumor crece.

Las personas que tienen un tumor en la pituitaria y no reciben un diagnóstico adecuado, pueden morir de un infarto, de hipotiroidismo, de insuficiencia suprarrenal, de desequilibrios del agua… Todo enmascara un solo problema: un tumor en la pituitaria.

El tratamiento depende de lo grande que sea el tumor, de lo que afecte la zona en la que se encuentra, así como de la edad y estado general del paciente.

Existen tres tipos de tratamiento: cirugía (la extracción del tumor mediante una operación), terapia de radiación (para matar las células cancerígenas) y una terapia de medicamentos (para disminuir el tamaño del tumor y, en ocasiones, para erradicarlo).

¿Cómo diagnosticar un tumor en la pituitaria?

Cualquier persona que sufra de una serie de síntomas que puedan hacer sospechar de una enfermedad en la pituitaria, debería hacerse unas analíticas de sangre y orina, una resonancia magnética y escáner, así como pruebas en los ojos (el 50-60% presenta problemas ópticos).  Sin olvidar que los microadenomas no se aprecian en los rayos-x.

La resonancia magnética ha de hacerse con y sin contraste, en la misma prueba.

Entre las pruebas de sangre se debe prestar especial atención a la prueba de estimulación de ACTH, la muestra de ACTH del seno bilateral inferior petroso, la prueba de tolerancia a la insulina, la estimulación de la hormona del crecimiento, la estimulación del TRH, la estimulación del Ngr., la tolerancia oral de glucosa y pruebas de GHRH.

¿Qué especialista es el más idóneo para diagnosticar este tipo de tumores?

Un endocrinólogo especializado en la pituitaria o neuroendocrino.

La interpretación de los resultados de las pruebas realizadas suele ser bastante difícil. Los resultados complejos pueden dar lugar a error. Los microadenomas no se visualizan en una resonancia magnética del cerebro. Incluso un experto puede equivocarse en el diagnóstico.

Tumores no funcionales.

Un tumor en la pituitaria es un crecimiento anormal de células pituitarias. Los tumores pituitarios pueden ser no funcionales (si no segregan hormonas) o producir determinadas hormonas, tales como prolactina, la hormona del crecimiento, ACTH o TSH. No suelen producir cantidades excesivas de hormonas. La forma más común de tumor en la pituitaria son los no funcionales (no producen efectos por una producción excesiva de hormonas).

Los tumores de este tipo suelen descubrirse de forma accidental cuando se realiza una resonancia magnética del cerebro por otras causas y no suelen ser aparentes hasta que el paciente presenta anomalías visuales, la parálisis de los músculos oculares o dolores de cabeza debido a la presión del nervio óptico. El Oftalmólogo es quien suele enviar al paciente al médico de familia, quien a su vez lo remitirá al Endocrinólogo.

Los tumores no funcionales en la glándula pituitaria pueden causar dolores de cabeza y problemas en la vista, o pueden presionar la glándula pituitaria deteniendo la producción de la cantidad necesaria de una o de más hormonas de la pituitaria, provocando un hipopituitarismo. Por lo general, las hormonas sexuales son las que suelen disminuir en primer lugar, manifestando una pérdida del deseo sexual, disfunción eréctil o la ausencia de la menstruación. Si el tumor sigue creciendo, la persona puede mostrar cansancio y falta de concentración/mareo, debido a que las glándulas suprarrenales y tiroideas no funcionan correctamente.

El especialista

El especialista elabora un historial médico completo, revisando los síntomas, el historial y la medicación actual. Esta información es primordial ya que algunas condiciones médicas y medicamentos pueden afectar la producción de las hormonas del organismo.

En la exploración física, el especialista comprobará si existen señales o signos que muestren que el organismo produce alguna hormona de la pituitaria en exceso (por ejemplo, si existe producción de leche o marcas abdominales causadas por un tumor productor de ACTH).

Si se sospecha de un tumor en la pituitaria, el primer paso suele ser una analítica de sangre para verificar los niveles hormonales. Para determinar el tamaño y ubicación del tumor, se suele llevar a cabo una Resonancia Magnética del cerebro, con objeto de obtener imágenes detalladas de la glándula pituitaria. Esta prueba suele hacerse en dos partes, sin y con contraste. También se puede hacer una prueba del campo visual para verificar el grado de anomalía visual que presenta el paciente.

Pronóstico.

En la mayoría de los casos, el tumor en la glándula pituitaria suele crecer lentamente hasta que tenga ser tratado. Sin embargo, el pronóstico depende del tamaño del tumor. Los tumores pequeños no suelen necesitar un tratamiento inmediato y suelen ser extraídos quirúrgicamente con éxito. Incluso los tumores de mayor tamaño que causan anomalías visuales, pueden detener el avance del deterioro en la visión en caso de ser extraídos. No obstante, en algunas ocasiones, un tumor que segrega prolactina se estabiliza, o incluso deja de crecer, sin tratamiento alguno.

Opciones de tratamiento.

En ausencia de síntomas es posible que el paciente no necesite ningún tratamiento, aunque tendrá que seguir un control exhaustivo mediante Resonancias Magnéticas y comprobaciones del campo visual cada 6 a 12 meses. Por otro lado, es posible que se recomiende el tratamiento con radioterapia o la cirugía.

Si el paciente presenta síntomas, principalmente existen dos propósitos: reducir la cantidad anormalmente elevada de hormonas y disminuir el tamaño del tumor para prevenir que su presión pueda causar daños en el nervio óptico y cerebro. El tratamiento depende del tipo de tumor. En ocasiones, suele ser necesario llevar a cabo una extracción quirúrgica, que podría estar seguida de una radioterapia para evitar su recurrencia. Si las hormonas de la pituitaria son deficientes, será necesario seguir un tratamiento de reemplazo hormonal.

Para más información consulte adisen.es

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